Cómo acompañar la adquisición de la autonomía en la infancia

¿Ayudar o no ayudar? Cómo acompañar la adquisición de la autonomía en la infanciaHay cosas que mi hija todavía no sabe hacer, y tiene muchas ganas de hacerlas. Otras que ahora mismo no le salen, pero en otro momento sí. Otras que hoy no quiere hacer, prefiere que las haga mamá. ¿Cómo actuar en cada caso? ¿Le debo ayudar o debo esperar que encuentre su forma de hacerlas? ¿Y si me pide ayuda, que hago? ¿Debo esconder los juguetes que todavía no sabe usar y que le generan frustración? ¿Y cómo acompaño la frustración? ¿Debo incentivarle a que se vista por ella misma, o debo vestirla yo con todo mi amor de madre, hasta que ella me pida para hacerlo? En este post comparto contigo las respuestas que he encontrado para mí a todas estas preguntas.

La voz del corazón, la intuición, confiar en nuestra esencia

Las corrientes pedagógicas son muchas, y las dudas también. Hay muchas teorías, grandes nombres de la psicología, filosofía, pedagogía… Cada una tiene su opinión, y a veces cuesta escuchar nuestra voz más profunda, para saber cómo enfocar los numerosos retos que nos presenta la maternidad/paternidad y también el acompañamiento de los/las niños/as como profesional.

Desde que soy madre me estoy entrenando en escuchar esa voz del corazón. De forma natural y profunda, sentí y siento la necesidad de revisar internamente lo aprendido. Necesito interiorizar lo que antes era solo mental, necesito sentir con todo mí ser las maneras de acompañar aprendidas en mi formación y experiencia laboral en educación libre. Este proceso engloba cuestionarlo todo. Incluso las verdades asumidas como verdades absolutas inamovibles. Sobretodo esas. Porque las aplico con mi hija y eso lo magnifica todo.

Para leer la introducción a este post, puedes ir a  Educación libre: cuestionando el fomento de la autonomía.

Indagando, sintiendo y compartiendo con mi amiga y mentora en temas de educación Núria Puigdevall, he podido llegar a una forma de acompañar estos procesos tan importantes que está en sintonía con mí ser. Lo quiero compartir contigo, con la intención de que te pueda servir.

Núria Puigdevall es madre y co-creadora del espacio de juego 7estrelles, donde acompaña a niños y niñas de 0-3 y de 3-6 años, inspirada fundamentalmente en la pedagogía Waldorf y el método Pikler. Es formada en Educación libre, pedagogía Waldorf y cursa la formación Pikler de Budapest.

Ayuda siempre presenteAcompañar la adquisición de la autonomía en la infancia

“No le estoy negando la ayuda, nunca. Solo le ofrezco la oportunidad de hacerlo solo.”
Nuria Puigdevall

Ahora, para mí, lo esencial es la certeza de que mi ayuda siempre estará disponible. Se puede vestir de diferentes formas, dependiendo si es requerida en un momento de juego o un momento de cuidado, si mi hija la necesita para algo que todavía no sabe o si puede pero hoy no quiere hacerlo, e irá cambiando con su edad…

Ahora veo vital que el descubrimiento del mundo, el despliegue de su autonomía esté profundamente conectada con el placer, con el disfrutar.

Ahora siento que la adquisición de la autonomía tiene que ser voluntaria, libre, a su tiempo. Y que la vuelta atrás, a los brazos de mamá, a la vida de bebé, dependiente, tiene que ser permitida, más que eso, igual de “bien vista” que su vuelo al mundo.

Ahora percibo que es importante que yo como adulta contenga mis ganas de ayudar en forma de dar la solución, y transforme mi ayuda en dar espacio y sustento para que el/la niño/a encuentre la manera de resolver algo por su propio camino. Es precioso ver la satisfacción en sus caras cuando logran una conquista con su propio esfuerzo y ingenio.

Ahora sé, que confiando en la voz que emana de mi interior, sabré cuando dar espacio a la autonomía, y cuando se me pide el sustento y el cuidado de una madre que mece a su bebé.

La consciencia plena en el momento de la ayuda, la atención completa y amorosa del adulto es el regalo más bonito…

De seguida hablaré de situaciones concretas, ilustradas con ejemplos. A mí me ayuda mucho escuchar ejemplos concretos para poder visualizar una nueva forma de hacer, para poder probarla y adaptarla a lo que yo necesito y siento.

Donde me sitúo como adulta acompañante en el proceso de adquisición de autonomíaDonde me sitúo como adulta acompañante en el proceso de adquisición de autonomía

Adecuar el material a su desarrollo

Pienso que es muy útil revisar si el material de juego disponible es adecuado a la edad del/de la niño/a. Si veo que algún juego le causa frustración constantemente, porque todavía no sabe hacerlo, puedo retirarlo o pensar en que puedo hacer yo para adaptarlo a su momento.

Momento de juego

En una situación de juego, con un material concreto, siento que debo hacer todo para que el/la niño/a, en su momento, pueda hacerlo por él/ella mismo/a. Eso para mí no quiere decir animarlo/a a que lo haga, solo dar tiempo y ofrecer mi presencia. Para mí, la ayuda del adulto en este caso es muy diferente de un momento de cuidado.

Ejemplo:
Mi hija está jugando con los bloques de madera de distintas formas que tienen una apertura con su forma correspondiente para encajarlo. No logra ponerlo. Veo como se frustra.

La manera más entrometida de ayudarla seria decir “Mira, se hace así”. Así el/la niño/a aprende por imitación, pero sin logro propio. Aprende que solo hay una manera de hacerlo. Que yo, adulta, sé cómo se hace y que hay que preguntarme siempre. Esta forma crea dependencia, lo contrario de autonomía.

Es comprensible que queramos decirle cómo hacerlo, para que se le pase la frustración. Porque nos incomoda, porque deseamos su bien y queremos ver su alegría. A mí me sale automáticamente decir “Prueba a girarlo”, o “Intenta cogerlo por aquí”. Es una forma más suave de ayudarla diciendo que hacer. No como única manera, como en el ejemplo anterior, si no como posibilidad. Igualmente le estoy dando la solución, aunque de forma más respetuosa.

Mi ayuda más respetuosa con su autonomía es mostrar respeto por lo que le está pasando. Le puedo decir…
“Es todo un reto poner la pieza para que entre por la apertura”
“Puede costar mucho poner la pieza”
“Puede ser realmente difícil encontrar la manera de encajarlo”.

Y aguantar aquí, sin dar soluciones ni consejos. Dar tiempo…

Puedo nombrar sus emociones:
“Te has enfadado porque no has podido poner la pieza”;
“Estas nerviosa porque cuesta…”;
“Te frustra porque todavía no has podido…”

Puede que me pida ayuda directamente. O, después de todo esto, le puedo recordar:
“Puedes pedirme ayuda si lo necesitas” o preguntar: “¿Necesitas ayuda?”

Y entonces, dar la ayuda de forma a que el logro sea suyo:
“Si quieres yo sujeto la caja así, y tú puedes volver a intentarlo”.

También le puedo recordar otras opciones:
“No estas pudiendo encajar esta pieza, pero puedes encajar esta otra. Me acuerdo que el otro día lo hiciste”.
“Puedes dejarlo y hacer otra cosa si quieres…”

explorar con autonomíaMomento de exploración

El mundo es grande, ¡hay tantas cosas para descubrir! Tanto que probar. ¡Y es muy emocionante! Las ganas de conquistar el mundo son gigantes y a veces ese entusiasmo puede llevar al niño a situaciones que pueden generar miedo.

Ejemplo 1 – Puedo subir y ahora me da miedo bajar:

Un niño de 3 años subió a un árbol. Subió muy arriba, y ahora tiene miedo de bajar. Pide ayuda al adulto.

En este caso, siento que es importante poder ver el grado de miedo o pánico que está sintiendo el niño. Preguntarme si todavía está disfrutando…

Puedo proponerle:
“¿Quieres intentar bajar? Yo estoy aquí y vigilo que no te hagas daño.”

Si no quiere y me pide ayuda, puedo preguntar:
“Que necesitas que yo haga?” y proponer:
“Puedes cogerte a mi brazo/Puedes poner un pie en mi muslo”

Y si veo que tiene miedo, que necesita sentirse cuidado, seguro, entonces, sin insistir, ni animar, ni forzar a la autonomía, le puedo decir:
“Ven, yo te cojo”
Abrazarlo fuerte, si lo desea. Estoy aquí…

Ejemplo2 – Me he hecho daño…
Una niña cae al suelo en medio de una carrera muy animada. Llora mucho, sin levantarse.

Si es mi hija, voy corriendo y la cojo muy rápido en brazos. Está claro que así le transmito mi susto…

Idealmente me acerco con calma, le pongo la mano en la espalda, sin cogerla. Puedo poner palabras a lo sucedido…
“Te has caído, Te duele…”
“Estoy aquí…”

Esperar un poquito a ver si se levanta sola, y si veo que no es así, que se ha hecho daño, está muy alterada, me necesita…
“¿Necesitas que te coja?”

Y levantarla yo, darle un abrazo con mucha presencia transmitiendo mi amor… te cuido, estoy aquí…

Momento de cuidadoMomento de cuidado

Me refiero a todos los momentos en que el adulto cuida directamente al/la niño/a. El adulto viste al niño, le da de comer, le baña, hasta que el niño pide hacerlo el mismo.

Los momentos de cuidado son especiales, íntimos e importantes. Es aquí que el/la niño/a siente que el adulto está por él, y que en él puede confiar. Que está para cuidarlo y cuando necesita ayuda.

Para mi es vital que en estos momentos la autonomía no sea obligatoria. Y que yo esté disponible para ayudar, para cuidar, para hacerlo yo. Con toda mi presencia y mi amor. Siento que es muy importante que el/la niño/a se sienta cuidado, que sepa que el adulto le cuida. Que le vista, le lave, le dé de comer si él lo necesita o desea.

Ejemplo 1 – No lo he hecho nunca y quiero hacerlo:
Mi hija está intentando poner un botón en la abertura correspondiente. Tiene muchas ganas de hacerlo, pero no le sale. No lo ha hecho nunca todavía. Se frustra…

La intervención menos respetuosa seria:
“Ya lo hago yo, tu todavía no sabes” o, peor…
“¿Cómo es que no puedes? Si es muy fácil, mira!”
Con esto solo genero inseguridad, dependencia, y no es lo que quiero…

Mi ayuda más respetuosa con su autonomía es mostrar respeto por lo que le está pasando. Le puedo decir:
“Puede ser un desafío muy grande encajar el botón en su hoyo”
“Puede ser realmente difícil poner el botón aquí…”
“Puede costar mucho…”

Y aguantar aquí, sin dar soluciones ni consejos. Dar tiempo…

Nombrar sus emociones:
“Te has enfadado porque no has podido poner el botón”;
“Estas nerviosa porque cuesta…”;
“Te frustra porque todavía no has podido…”

Puede que me pida ayuda directamente. O, después de todo esto, le puedo recordar:
“Puedes pedirme ayuda si lo necesitas” o preguntar: “Necesitas ayuda?”

Y entonces, dar la ayuda de forma a que el logro sea suyo:
“¿Quieres volver a intentarlo? Yo te sujeto la chaqueta así…”
“¿O quieres que lo haga yo? (Te lo hago yo, porque te cuido, estoy aquí siempre que me necesites).
“Mira, yo lo hago así…” (Así mí manera de hacer es solo una manera, y no la verdad absoluta como cuando digo “Se hace así”)

También le puedo recordar otras opciones:
“No estas pudiendo encajar el botón, pero puedes subir la cremallera. Me acuerdo que el otro día lo hiciste”.

Ejemplo 2 – Ya puedo pero no quiero…
Un niño de 3 años ya sabe ponerse los zapatos. Pero hoy no quiere. Quiere que lo haga el adulto que le acompaña.

Indiscutiblemente, mi forma de ayudar seria:
“De acuerdo cariño, yo te las pongo.”
“Veo que no te apetece poner los zapatos, te puedo ayudar.”

Sin animar, ni forzar, ni obligar.
Puedo proponerle una vez si quiere ponerlas con mi ayuda y presencia, y si dice que no, no insistir más.
El niño conquista la autonomía a través del disfrute. El adulto está siempre disponible para cuidar.

Ejemplo 3 – Ya puedo pero hoy te pido que lo hagas tú, porque necesito sentir que estas aquí para cuidarme

Una niña de 5 años pide a su madre que le dé de comer como a un bebé.

Sin pensarlo dos veces, y con todo mi amor:
“De acuerdo hija, la mamá te da de comer”

Sin juzgar, ni reír, ni blasfemar:
“Pero si ya eres grande, que vergüenza que tu madre te dé de comer.”

Emmi Pikler entendía que los/las niñas no crecen de forma lineal, si no en espiral. A veces necesitan hacer 2 pasos hacia atrás para poder hacer un paso grande adelante. Y cuando esto acontece, necesitan que el adulto esté disponible, de brazos abiertos, sin juzgar ni motivar a la autonomía.
“Si quieres, puedes volver a ser pequeño”

“Acompañamos el proceso de autonomía sin imponer”
Nuria Puigdevall

Ejemplo 4 – Ya sé hacerlo solo, y me gusta tu presencia

Un niño de 4 años se viste solo.

Un detalle especialmente bonito en la manera de acompañar creada por Emmi Pikler: Aún que el/la niño/a ya sepa hacer algo solo, como es el vestir, el adulto acompañante se queda de su lado, y lo acompaña con palabras, con la mirada, con su presencia.
“Te has puesto la camiseta tú solo”
“¡Ya sabes atarte los zapatos!”

“No se les deja solos ni cuando saben hacerlo solos”
Nuria Puigdevall

Tengo claro que como madre no siempre es posible, y que llega una edad donde ya no quieren que estés allí comentando lo que hacen. Pero eso es fácil de detectar :D.

autonomía en el desarollo motrizDesarrollo motriz

Me refiero al acompañamiento del/ de la niño/a pequeño/a, cuando aprende a girarse, a  sentarse, a caminar… a correr, a saltar, a escalar…

“No es que yo no ayude a los niños a caminar, no les avanzo esta etapa de su desarrollo motriz que todavía no han alcanzado”
Núria Puigdevall

El planteamiento de Emmi Pikler me parece muy bonito. Es dar tiempo y espacio para que el/la niño/a pueda hacer su trabajo, su proceso. Sin prisas y sin pedirle más de lo que puede hacer. Y brindarlo con nuestra presencia, nuestra ayuda y nuestro cuidado, siempre.

Ejemplo 1
Un niño de 12 meses todavía no camina. Se empieza a poner de pie, a hacer fuerza con las piernas hacia arriba, pero luego vuelve a sentarse y a gatear.

La forma de “ayudar” más habitual y entrometida sería cogerlo de las manos e incentivarlo a caminar. Pero así lo que hacemos es avanzarle algo que todavía no está preparado para hacer. Y cuanto más le animamos a hacerlo, más el intentará hacerlo para complacernos. Y entonces, toda su energía que estaba necesitando para que se desarrollen otras cosas, van a algo que todavía no toca… esto causa desequilibrio, debilidad, dependencia

Cada niño tiene su ritmo, no hay una edad establecida en la que debe saber caminar. Lo hará, cuando esté preparado…

Es este caso, mi ayuda muy valiosa puede ser poner a su disposición varias opciones donde puede ponerse de pie por el mismo, para que lo pueda practicar si así lo desea. Y estar a su lado, disfrutar con el de esta etapa, y de cada nuevo descubrimiento.

Puedo acompañarlo con palabras describiendo los hechos, nombrando sus emociones cuando surgen, ofreciendole unos brazos a los que recoger cuando necesite cobijo. Estar presente, dando espacio y tiempo, ofreciendo mi amor…

Cuidar mi necesidad de madre

A veces, como madre, puedo ayudar desde el principio. Cuando necesito que salgamos rápido de casa, porque tengo que ir a algún lugar, hacer alguna cosa en una hora concreta. Porque mis necesidades también cuentan.

autonomía a partir de los 7 añosLa autonomía como “obligación” solo a partir de los 7 años

Emmi Pikler observó que si no se obligaba a los niños menores de 7 años a hacer tareas y si se les permitía que lo hicieran solo si tenían ganas, después de los 7 años eran más capaces  de asumir responsabilidades, ya que lo habían hecho siempre desde el placer.
Núria Puigdevall

Mirándolo así, el recoger obligatorio deja de tener sentido. Los/las niños/as ayudan o no, atreves de la imitación, disfrutando. Y si no quieren hacerlo no pasa nada.

No es la primera vez que lo escucho y me hace recordar lo estresante que podía ser la lucha del recoger cuando trabajaba en una escuelita de Educación libre. Tengo claro que adopto este nuevo método en mi casa.

Amor y libertad, estas dos necesidades tan imprescindibles y vitales del ser humano deben de estar en equilibrio.
Sara Nima

Sin nada más que agregar por ahora, abierta a lo que el futuro me traerá, abierta a hacer y a deshacer, aprender y desaprender, inmensamente grata por este viaje tan profundo, tan lleno de sorpresas, sanaciones y retos… ¡Gracias hija, mi maestra!

¿Mi artículo te ha sido útil? ¿Como acompañas tu la adquisición de la autonomía en la infancia? ¿Quieres dejarme un comentario? ¿Explicarme alguna situación que te genera emociones controvetidas, alguna duda en concreto? Estoy segura que compartiendo podemos aprender mucho.
¡Gracias por leerme y hasta el martes que viene!

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