Meditación para cultivar la autoestima y empezar el día desde mi esencia: el amor

Meditación para cultivar la autoestimaEn el tiempo que ha transcurrido desde que empecé este blog hasta hoy, cada día lo veo con más claridad: la autoestima es lo más importante, lo más urgente a cultivar en la vida. La existencia o inexistencia de amor propio determina si tengo una vida plena, feliz, repleta de amor, o si me hundo en un mar de vergüenza, miedo, desespero, terror…
Yendo por este camino, he elaborado una meditación sencilla para cultivar la autoestima, la cual procuro practicar cada mañana. Ya me dirás si te ha gustado 🙂

Cultivar la autoestima

Cultivar la autoestima me sana, me une, porque amándome de verdad también amo a mi sombra, a esas partes que no me gustan y así las integro en mí, las acepto y me transformo en una persona íntegra. Dentro de mí hay de todo, y ese todo es sostenido y guiado por mi esencia: el amor.

Cultivar el amor propio es el mayor regalo que puedo dar a mi hija, porque ella aprenderá de mí a amarse y aceptarse a ella con todo. O al revés, si solo la cuido a ella y no me cuido a mí, ella aprenderá que es normal cuidar a los demás y dejarse en último lugar…

(Si quieres leer más sobre la relación del amor propio y la educación, sigue el enlace a mi artículo La educación respetuosa no sirve para nada)

Ser madre ha sido para mí el empujón que necesitaba para recuperar ese amor propio perdido. Por el amor a mi hija, he aprendido a amarme y aprendo a aplicarlo cada día un poco más.

Me acepto, me abrazo, me amoMe acepto, me abrazo, me amo – ¿cómo conseguirlo?

Hace pocas semanas sentí por primera vez en la vida que me amo, conscientemente, y con todo. Me gusta hacer referencia a los maestros que me han ayudado en este camino, y los cuales recomiendo vivamente:

Uno es Jeff Foster, más concretamente su nuevo libro La senda del reposo. Esta compuesto por pequeños escritos de 1 o 2 páginas que se pueden leer como meditaciones, y su mensaje principal es la aceptación de todo, dentro y fuera de ti, amar a todo porque todo es vida.

El otro es Thigh Nhat Hahn, un monje budista que trajo a Europa el concepto de consciencia plena o Mindfulness, y que tiene más de 100 libros publicados, muchas meditaciones y trabajos internos sobre vivir y disfrutar plenamente el momento presente. Todos los momentos.

(Si quieres leer más sobre sus meditaciones y mis adaptaciones de ellas puedes seguir el enlace a mi artículo Empezar a meditar – 3 propuestas sencillas)

La otra persona importante en este camino es mi terapeuta, Ariadna Bailo, que con su trabajo y su amabilidad me ha ayudado mucho a desenredar el entramado de mi interior, a quitar la máscara a las mil caras del ego y a traer a la luz mi niña herida, a entenderla, protegerla y amarla.

Y como lo más importante va en último lugar: mi mayor maestra es mi hija. Así que recomiendo la maternidad a todas las que queráis veros obligadas a encarar vuestras sombras más oscuras. 😀

Meditación para cultivar la autoestima, algunos obstáculos a la práctica y como traspasarlosMeditación para cultivar la autoestima,
algunos obstáculos a la práctica y como traspasarlos

Desde que he tocado el sentimiento de amor hacia mí y he podido abrazar todas mis partes, intento tener cada mañana unos minutos para cultivarlo. Para hacerlo crecer, florecer, expandirse.

Comparto contigo mi meditación:

Me siento cómodamente, con la espalda recta. Cierro los ojos

Hago algunas respiraciones profundas, conduciendo el foco de mi mirada interna en todo el recorrido del aire que entra y sale de mí.

Ahora pongo consciencia en mi interior, me visualizo haciendo un paso hacia atrás, apartándome de todo el alboroto de emociones, pensamientos y sensaciones, para encontrarme con mi isla interior, para fundirme con mi esencia.

Si me resulta difícil encontrar mi esencia, porque alguna voz de mi ego habla demasiado fuerte, porque los pensamientos de patrones antiguos no callan, me envuelven en un remolino de miedo y reclaman mi atención, me ayudo poniendo una mano en el corazón. Siento, que aquí dentro es mi casa. Les puedo decir a esas voces que de aquí a un momento volveré a ellas, y ahora mismo necesito encontrarme, coger fuerzas, sentir mi hogar.

Mi corazón es mi casaCuando encuentro esa sensación tan confortable de “estoy en casa” y “esa sí soy yo” hago algunas respiraciones para sentirme, para establecer/fortalecer este lugar en mí.

Ahora pongo consciencia en mi cuerpo. Empiezo por mis pies y voy subiendo, envolviendo mi cuerpo con una mirada cálida y llena de respeto y amor. Si hay algún dolor físico, lo acepto.

Lo puedo hacer intuitivamente, trayendo al presente la sensación de amar mi cuerpo y aumentando así ese sentimiento. O, si me cuesta, puedo utilizar mi respiración y mis pensamientos:

“Inspiro y tomo consciencia de mis pies,
Exhalo y les envío todo mi amor y gratitud”

Y así hasta tener todo mi cuerpo envuelto en amor. Dejándome llevar por lo que me pide mi cuerpo, puedo acompañar este ejercicio con caricias o masajes suaves a mí misma.

Ahora, desde mi esencia, desde ese lugar donde todo está bien, donde me siento en casa, en paz y cuidada, conduzco el foco de mi mirada interna hacia ese enredo, ese remolino de todo que constituye mi ego, mi yo en esta vida.

Veo todo eso que me gusta y lo que no me gusta de mi delante de mi, como una bola, como un planeta en el espacio. Y lo abrazo.

Me doy cuenta que yo soy el espacio que contiene a ese planeta tan turbulento, soy el espacio vacío a su alrededor que acepta todo lo que hay en él. Me doy cuenta que yo soy una mujer adulta y sabia, soy la madre que cuida a su hijo pequeño, pero no soy ese hijo (el ego con sus mil caras y sus otras tantas heridas).

Si hay alguna voz que habla alto, que requiere mi atención, que no para de disparar pensamientos repetitivos, puedo buscar a mi niña herida que se encuentra en algún lugar escondida, debajo de ese manto protector criado por mi mente. “¿Qué es lo que pasa de verdad? ¿Cómo te sientes mi niña?”

Y entonces puede que descubra que en realidad todo ese monstruo mental solo sirve para proteger una niña que tiene miedo, que está nerviosa, o se siente culpable.

Puede que haya algún dolor físico, o alguna emoción fuerte que me llena en este momento de mi vida, y me impide de expandir el amor por todo mí ser. Puede que sea dolor, impotencia, tristeza, rabia… Si es así, miro a esa emoción o a ese dolor físico, y le doy espacio de expresión. La envuelvo con mi mirada amorosa y le puedo decir:

“Te siento, te entiendo, te doy el permiso para ser”.

Miro más allá y descubro a mi niña herida y dejo que me hable, que me explique lo que le sucede. Entonces, intuitivamente y desde mi corazón, encuentro una manera de consolarla.

En mi caso, y para darte un ejemplo práctico, sentía un dolor inmenso, frustración e impotencia. Mirando al fondo, mi niña me dijo: “No lo he hecho bien, lo tengo que hacer bien, no sirvo, tengo que ser perfecta”. En este caso, la frase que me trajo alivio y sanó mi dolor fue: “Te doy el permiso de equivocarte. Te amo tal y como eres.”

Todo tiene lugar en mí, y yo decido vivir desde mi esencia
Todo tiene lugar en mí, y yo decido cultivar la autoestima.

Y siempre cuando me doy cuenta que mi intención en forma de pensamiento acompañado de alguna emoción sale de ese planeta, de mi ego o mente, lo suelto, aparto mi mirada interna de alí y vuelvo a mi esencia, enviándome amor.

Lo que quiero decir es si me doy cuenta que vivo y actúo desde ese enredo de emociones y patrones, pensamientos y vivencias, que constituye mi yo en la tierra, simplemente decido volver a mi corazón, a mi yo superior o esencia. Aceptando y abrazando ese caos como a un hijo, y con la decisión firme que diga lo que diga, yo decido sobre mi vida interna, y yo decido vivir desde el amor.

Empezar el día desde mi esencia: el amorMe quedo unos minutos, practicando jugando la autoestima y la aceptación de todo lo que soy. Disfruto ese abrazo interno, esa caricia envolvente a todo mi ser.

Poco a poco me doy cuenta que mi yo esencial crece en relación a mi ego con sus mil esquemas. Me doy cuenta que ahora si soy la madre amorosa que envuelve a su hijo travieso en una manta de amor. Soy la esencia savia que ama y cuida a su cuerpo.

Ahora me relajo, sonrío, y percibo que me amo. Y que ese amor crece con cada instante que lo práctico.

No te preocupes si al principio no surge el amor hacia ti misma, sigue practicando con la aceptación de todo lo que eres. ¡Con el tiempo se transformará en amor!

Han sido muchos años repitiéndome que no valgo, que soy mala, insuficiente, que tengo algún defecto. La mente aprende de repeticiones, y me puedo beneficiar de ello. Esa bola gigante, intangible al principio, es así de grande porque la alimenté con mi atención y mis pensamientos.

Ahora veo que ese planeta se hace más pequeño, al mismo tiempo que el espacio a su alrededor crece, un espacio que lleno del amor que soy.

Ahora puedo ver a ese monstruo como a una niña pequeña, rebelde, a la cual envío mi mirada amable y firme, a la vez que le digo:

“No estás sola, estoy aquí contigo. Nunca más estarás sola. Te veo, te cuido…”

Cuando lo sienta, puedo abrir los ojos.

Empiezo el día con el amor propio reforzado, lo que me hace ver todo de un ángulo amoroso, feliz y alegre. ¡Buenos días!

Y si quieres, puedes acabar la meditación con una mirada al espejo, diciéndote un gran

“¡Te amo!”

en la cara, mirándote a los ojos, y ¡sintiéndolo de verdad!

Dime si esta meditación para cultivar la autoestima te ha ayudado, si la has podido entender o si te parece chino. A veces pienso que mi mundo interior debe ser difícil de entender, pero luego me recuerdo que ya he comprobado muchísimas veces que no estoy sola.
¡Tu opinión me importa!

2 comments

  1. Fernando says:

    Muy bonita la meditación Sara. La idea de visualizar un planeta y su espacio alrededor me ha gustado especialmente. Gracias por compartir tu mundo interior….

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