Por qué no llevo mi hija al pediatra o cómo ser un pediatra respetuoso

Por qué no llevo mi hija al pediatraHoy lo he hecho. Lo que he evitado 15 meses, toda la vida de mi hija. He decidido dar una oportunidad al sistema de salud y hemos ido a una revisión pediátrica.

¡Y como me arrepiento!

La consulta médica debería ser un lugar donde nos sentimos bien. Donde nos escuchan, nos cuidan, nos miman.
Los médicos y las enfermeras están para cuidarnos, echarnos una mano con nuestra sanación cuando estamos enfermos, debilitados, necesitados de cariño y atención.

De hecho, creo con convicción que el sentirse cuidada es una parte muy importante del proceso de sanación.

Infelizmente, es justo este cuidado que echo de menos casi siempre que voy al médico. La falta de respeto de muchos profesionales me hace sentir mal cada vez que salgo de una consulta. Y hoy no ha sido excepción. Hoy me siento mal a doblar.

Me siento mal porque he visto a mi hija sentirse vulnerada, tratada sin respeto, tocada sin su permiso, palpada sin darle tiempo de ganar confianza con la persona que la estaba tocando. Me he sentido violada presenciando la “violación” de mi hija. Son palabras duras, sí, pero es lo que ha pasado. Un médico de mediana edad tocándola, abriéndole las piernas, mirando dentro de su vulva, sin pararse ni un segundo con sus señales que indicaban que ella no quería ser tocada de esa manera.

Ella lloraba y me miraba. “Mama, qué me hacen, protégeme…” leía en sus ojos.
He tardado demasiados segundos a reaccionar. He permitido durante demasiado tiempo que le hicieran cosas que ella no quería… Me he dejado intimidar por la figura del médico, que sabe todo y se le permite todo. Y ahora no sé dónde ir con toda mi culpa. Y como reparar lo que ya está hecho…

En toda su vida, nadie le había faltado al respeto.
Hoy sí.

¿Cómo le explico lo que ha pasado? Y cómo me perdono a mí?

Lo siento hija mía…
No iremos más al pediatra. Eso está claro.
Y a partir de ahora, te prometo y me prometo a mí misma que en cada ocasión que alguien quiera tocarte sin tu permiso, te defenderé.

Porque no son solo los pediatras. Por la calle, en el parque, en los bares y supermercados, ¡todo está lleno de gente que se cree con el derecho de tocar un bebe solo de verlo! ¡Qué intrusión! Cada día veo alguna mano en dirección a mi hija y ella apartándose.

¿Cómo puedo decirlo?
“Perdona, a ella no le gusta que le toquen personas que no conoce, sin su permiso, sin un tiempo para ganar confianza.”
O quizás más tajante:
“Te agradezco que no toques a mi hija.”

¿Cómo lo gestionas tú? Si tienes alguna idea de cómo reaccionar, qué decir, y de qué forma, estaría encantada en conocerla… Cómo ser un/a pediatra respetuoso/aY si eres pediatra, o cualquier tipo de cuidador/a de la salud, aquí te dejo unos consejos…

Cómo ser un/a pediatra respetuoso/a
(En nombre de todos los bebés)

  • Tomate tiempo. Preséntate. Déjame mirarte. Primero de lejos, después un poco más cerca. Enséñame los instrumentos que usarás para tocarme. Enséñame tus manos…
  • Pídeme permiso antes de tocarme. Explícame lo que harás, antes de hacerlo. Estas tocando mi cuerpo, no es un objeto. Respétalo.
  • Actúa desde el amor. Si te haces el gracioso que sea porque lo sientes de verdad. No me distraigas para mirarme la boca más fácilmente, me estás engañando. Mírame a los ojos, ábreme tu corazón, déjame ver quién eres. Así podré confiar en ti.

Son solo 3 puntos…fáciles de recordar! 3 puntos que transformarían las experiencias humillantes rozando el maltrato de tantos bebés en momentos de cuidado real…
Y seguro que los pediatras también se sentirían mucho mejor si cada bebé les dedicara una sonrisa, y una mirada clara de sus ojos inocentes y puros, en vez del llanto desesperado que los acompaña cuando salen de la consulta.

¿El/la pediatra de tu hijo/a es respetuoso/a? ¿O no llevas tu hija/o al pediatra, igual que yo?
Me gustaría tanto saber que existen…
¡Cuéntame tu experiencia!

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